Categoría: Student Fellows Project

  • Educar en tiempos de inteligencia artificial: una mirada desde el aula hacia el mundo

    Educar en tiempos de inteligencia artificial: una mirada desde el aula hacia el mundo

    Mi experiencia en la Semana del Aprendizaje Digital 2026, París


    Participar en la Semana del Aprendizaje Digital 2026, en París, como parte del programa UNESCO, representó una experiencia profundamente significativa para mi formación profesional y personal. La oportunidad de dialogar con docentes, investigadores, especialistas en tecnología educativa, representantes internacionales y ministros de educación me permitió ampliar mi perspectiva sobre los desafíos que enfrenta actualmente la educación ante el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Más allá de las fronteras, los sistemas educativos comparten inquietudes que requieren respuestas colectivas, sensibles a las diferencias sociales y orientadas al bienestar de las personas y la sostenibilidad del planeta.

    Sin embargo, esta experiencia significó para mí mucho más que conocer nuevas herramientas o escuchar propuestas innovadoras. Como docente de educación primaria en México, me interesa construir experiencias de aprendizaje que tengan sentido para mis estudiantes, respondan a sus necesidades y contribuyan a su desarrollo integral, puesto que desde mi lugar en el aula observo que educar implica mucho más que transmitir conocimientos, significa acompañar procesos, reconocer las diferencias, despertar la curiosidad y brindar oportunidades a quienes no siempre cuentan con las mismas condiciones para aprender.

    Por eso, llegar a un espacio internacional en el que se discutía el futuro de la educación también me llevó a preguntarme cuál es mi papel en esta transformación. Me entusiasma pensar que la inteligencia artificial puede ayudarnos a encontrar nuevas formas de enseñar, atender necesidades educativas y ampliar las oportunidades de aprendizaje. Al mismo tiempo, me preocupa que su incorporación avance más rápido que nuestra capacidad para comprender sus consecuencias, especialmente en comunidades donde el acceso a la tecnología, la conectividad, la formación continúa y la capacitación ética está siendo desigual.

    Desde esta perspectiva, regresé con una convicción: no podemos hablar del futuro de la educación sin escuchar a quienes viven sus desafíos cotidianos, pero tampoco podemos permanecer al margen de los cambios que ya están transformando nuestra sociedad.

    El verdadero desafío de la inteligencia artificial

    Uno de los principales aprendizajes obtenidos durante esta experiencia fue comprender desde diversos discursos emitidos por docentes, investigadores, ministros y expertos en tecnología educativa, que la Inteligencia Artificial ya forma parte de la realidad educativa y social, por lo que los esfuerzos colectivos no deberían centrarse únicamente en intentar evitar su presencia en las escuelas sino en aprender a integrarla de manera responsable, ética y consciente sin dejar de reconocer el papel fundamental, en este caso, del juicio docente, la creatividad y el pensamiento crítico aplicado en la enseñanza cotidiana. 

    Esta información me llevó a una reflexión personal desde la perspectiva docente, pues en mi contexto educativo solemos concentrar esfuerzos en evitar el uso de esta herramienta como ayuda para el trabajo escolar, pero la verdadera labor tomando en cuenta que la IA ya forma parte de la realidad educativa sería generar las condiciones necesarias para que su incorporación sea responsable, segura, equitativa y orientada al bienestar de la comunidad educativa.

    Rescato que la tecnología puede ofrecer información, generar textos, proponer actividades y facilitar determinadas tareas; sin embargo, no sustituye el juicio docente, la creatividad, el pensamiento crítico ni la comprensión profunda que buscamos desarrollar en nuestros estudiantes. Una respuesta generada por inteligencia artificial no garantiza que exista aprendizaje, de la misma manera que utilizar una herramienta innovadora no asegura, por sí solo, una mejora educativa.

    Una conversación que trasciende la tecnología

    Uno de los momentos más significativos de esta experiencia fue participar en una sesión de ministros de educación sobre el costo real de la inteligencia artificial. Esta conversación me hizo sentir curiosidad, pero también preocupación al comprender que su impacto va mucho más allá de los beneficios tecnológicos y económicos. Su implementación implica recursos, energía, agua, conectividad, protección de datos y, sobre todo, decisiones que afectan a las personas y al medioambiente.

    Como docente, me pregunté cómo podemos hablar de innovación educativa cuando las escuelas no cuentan con las mismas oportunidades. Me inquieta pensar que una tecnología creada para facilitar el aprendizaje pueda ampliar las desigualdades existentes si no se garantiza un acceso equitativo. Al mismo tiempo, me entusiasma imaginar las posibilidades que ofrece cuando se utiliza de manera responsable y responde a necesidades reales.

    Esta reflexión me permitió comprender que el verdadero costo de la inteligencia artificial no se mide únicamente en dinero, sino también en sus consecuencias sociales, ambientales, educativas y éticas. Me llevo el compromiso de mirar la innovación con entusiasmo, pero también con sentido crítico, recordando que la tecnología debe estar al servicio de las personas y no al revés.

    El papel de los docentes en la adaptación digital

    Me gustaría resaltar que otro de los aprendizajes obtenidos dentro de este evento es la importancia de los docentes dentro del campo de la innovación en relación con la Inteligencia Artificial, pues somos nosotros quienes enfrentamos los desafíos del proceso de enseñanza-aprendizaje, del rezago educativo y de la brecha desigualitaria en el acceso a la tecnología, por ello considero que nuestra participación no debe limitarse a utilizar las herramientas que son desarrolladas por otras personas, sino que también debemos tener la posibilidad de expresar nuestras necesidades, aportar nuestra experiencia y participar activamente en el diseño de soluciones tecnológicas que respondan a los contextos educativos reales.

    Durante el evento pude conocer diferentes aplicaciones, dispositivos y propuestas innovadoras que incorporan Inteligencia Artificial para atender necesidades específicas dentro de la educación; entre ellas, llamó mi atención una herramienta orientada a la enseñanza del clima mediante un chatbox, así como una aplicación basada en un sistema de puntos que utiliza inteligencia artificial y que al mismo tiempo busca disminuir el consumo de recursos naturales; estos ejemplos me hicieron darme cuenta que innovar no siempre significa crear tecnologías más complejas, sino encontrar nuevas formas de utilizar lo que ya tenemos para resolver problemas reales y generar beneficios para los estudiantes, la sociedad y el medio ambiente.

    Como docente, esta experiencia fortaleció mi interés por participar en procesos de innovación que partan de las necesidades del aula. Estoy convencida de que la experiencia de quienes enseñamos puede aportar una perspectiva indispensable para desarrollar soluciones más accesibles, contextualizadas y humanas.

    Hablar del estrés académico también es hablar del bienestar educativo

    Otro momento que esperaba con especial ilusión era la oportunidad de presentar mi trabajo titulado “Habilidades de IA de estudiantes de las nuevas generaciones: Horizontes para la ética y la educación abierta”. Para mí, compartir una investigación sobre inteligencia artificial y estrés académico en un espacio internacional representaba un reto importante, pero también una oportunidad para conocer otras perspectivas y descubrir si las preguntas que habían surgido desde mi contexto educativo también estaban presentes en otros lugares.

    Antes de mi exposición, tenía varias expectativas y preguntas. Me preguntaba: ¿cómo perciben otros docentes la incorporación de la inteligencia artificial en la educación?, ¿cómo están enfrentando los estudiantes el estrés académico en otros contextos?, ¿qué papel puede tener la inteligencia artificial frente a estas situaciones y cuáles son sus límites?

    También sentía cierta incertidumbre. Me preguntaba si el tema que había investigado tendría sentido para personas provenientes de realidades educativas diferentes a la mía y si encontraría puntos de coincidencia con sus experiencias. Al mismo tiempo, me emocionaba la posibilidad de escuchar opiniones distintas, recibir cuestionamientos y descubrir nuevas formas de interpretar los resultados de mi investigación.

    Más que esperar respuestas definitivas, llegué con la intención de generar una conversación porque quería conocer si la relación entre tecnología, aprendizaje y bienestar educativo era una preocupación compartida y qué preguntas estaban surgiendo en otros sistemas educativos. Esta expectativa hizo que la presentación significara para mí mucho más que explicar resultados, significaba poner mis ideas a prueba y permitir que otras voces las enriquecieran.

    Durante el intercambio con docentes de diferentes partes del mundo, comprendí que muchas de estas inquietudes trascienden un contexto específico. Sin embargo, también observé que las respuestas no pueden ser iguales para todas las comunidades educativas. Las condiciones de acceso a la tecnología, las características de los estudiantes, las exigencias académicas y las realidades institucionales influyen en la manera en que cada comunidad enfrenta estos desafíos.

    Al finalizar, algunas de mis preguntas no desaparecieron; por el contrario, surgieron nuevas. Y considero que eso fue precisamente lo más valioso de la experiencia. Regresé con mayor curiosidad por seguir investigando y con la convicción de que la educación necesita espacios donde no solamente presentemos respuestas, sino donde también podamos formular mejores preguntas sobre el futuro que estamos construyendo con la inteligencia artificial.

    Sin duda esta experiencia enriqueció mi perspectiva y visión sobre las diversas aplicaciones de la Inteligencia Artificial en el contexto educativo y sobre lo importante que es contribuir desde nuestra sociedad a la construcción de propuestas que permitan aprovechar sus beneficios de manera ética, responsable e inclusiva.

    Esta experiencia me recordó que participar en una conversación global no significa dejar atrás nuestras realidades locales, por el contrario, implica regresar a ellas con nuevas preguntas, perspectivas y herramientas para actuar. Las grandes transformaciones educativas también comienzan en las decisiones cotidianas que tomamos dentro del aula, en las oportunidades que ofrecemos a nuestros estudiantes y en nuestra disposición para aprender junto con ellos.

    Si algo me llevo de París es la certeza de que el futuro de la inteligencia artificial en la educación no debe construirse únicamente desde quienes desarrollan la tecnología o toman decisiones políticas. También debe construirse desde las escuelas, con la participación de docentes, estudiantes y comunidades, mediante un diálogo que reconozca tanto sus posibilidades como sus riesgos  porque al final, el propósito de innovar no debería ser demostrar hasta dónde puede llegar la tecnología, sino descubrir cómo podemos utilizarla para construir una educación más justa, consciente, sostenible y humana.

    Agradecimientos

    Esta experiencia se desarrolló en el marco del Proyecto UNOE Student Fellows Project, financiado por la William and Flora Hewlett Foundation y coordinado por la Universidad de Nantes. Se agradece el apoyo brindado para impulsar la formación, la investigación educativa y la innovación, mediante la educación abierta.

    Asimismo, se reconoce a la Benemérita Escuela Normal de Coahuila por su acompañamiento institucional y por promover el desarrollo de competencias investigativas y de manera muy especial, a la Dra. María Soledad Ramírez Montoya y a todo el equipo que representa a México, por su guía, orientación y acompañamiento constante durante todo este proceso.

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    Educar en tiempos de inteligencia artificial: una mirada desde el aula hacia el mundo

    » de Gabriela Avarado está bajo licencia CC BY 4.0

  • Mi reflexión desde la Digital Learning Week 2026

    Mi reflexión desde la Digital Learning Week 2026

    Participar en la Digital Learning Week 2026 de la UNESCO, en París, fue una experiencia que significó mucho más que presentar una investigación en un evento académico internacional, pues para mí representó la oportunidad de salir de los espacios habituales en los que desarrollo mi formación como docente e investigadora y encontrarme con personas, ideas y realidades educativas muy distintas a las que conozco. Al mismo tiempo, vivir esta experiencia junto con mis compañeras hizo que el aprendizaje adquiriera un sentido colectivo, ya que cada una de nosotras llegó con una investigación, una perspectiva y una trayectoria particular, pero compartimos la posibilidad de aprender y participar en un mismo espacio internacional.


    Esta oportunidad fue posible gracias al acompañamiento de la Benemérita Escuela Normal de Coahuila y al proyecto UNOE, así como al trabajo y orientación de la Dra. María Soledad Ramírez Montoya, coordinadora del proyecto en México, quien ha guiado y acompañado nuestro proceso durante las diferentes etapas. Su acompañamiento fue fundamental para que pudiéramos llegar a este espacio con la preparación necesaria, pero también con la confianza de reconocernos como jóvenes investigadoras capaces de aportar a conversaciones internacionales relacionadas con la educación, la tecnología y el futuro del aprendizaje. Para mí, este acompañamiento también representa una muestra de la importancia que tienen las instituciones educativas cuando generan oportunidades para que sus estudiantes puedan trascender las aulas y llevar sus conocimientos hacia otros espacios.


    Desde antes del inicio de la semana digital comenzamos a vivir esta experiencia como equipo, pues el lunes previo a la inauguración tuvimos un encuentro de preparación con la coordinación del proyecto, en el que pudimos conocer con mayor claridad las actividades que desarrollaríamos y prepararnos para nuestra participación. Desde ese momento comencé a comprender que no se trataba únicamente de viajar a París para presentar un trabajo, sino de formar parte de una comunidad internacional en la que tendríamos la posibilidad de escuchar, dialogar y aprender de otras personas, instituciones y contextos.


    Durante la Digital Learning Week asistimos a la conferencia de apertura y a diferentes sesiones relacionadas con la inteligencia artificial, la transformación
    digital, la educación abierta, la equidad, la ética, la soberanía digital y los futuros de la educación. Algo que me llamó particularmente la atención fue que las conversaciones sobre inteligencia artificial no se centraban únicamente en sus posibilidades técnicas, sino que constantemente regresaban a preguntas relacionadas con las personas y con el propósito de la educación: ¿qué papel queremos que tengan estas tecnologías?, ¿cómo podemos garantizar que sus beneficios sean accesibles para diferentes comunidades?, ¿qué principios deberían orientar su incorporación? y, sobre todo, ¿qué queremos preservar de la educación mientras transformamos la manera en que aprendemos?


    Estas preguntas también estuvieron presentes en nuestra propia participación, especialmente durante la Living Gallery, espacio en el que tuvimos la oportunidad de compartir nuestras investigaciones durante dos días. El martes presentamos nuestros trabajos en inglés y el jueves volvimos a compartirlos, esta vez en español, junto con Agustina Mignaco, Rebeca Mesquita, Gabriela Alvarado, Yaretzy Calamaco y yo, Yovanna Leija.


    La dinámica de la Living Gallery fue diferente a una presentación académica convencional, ya que en lugar de realizar una exposición prolongada frente a un auditorio, recibíamos pequeños grupos de participantes que se acercaban a nuestro espacio para conocer nuestras investigaciones durante aproximadamente tres minutos; posteriormente, los grupos rotaban y comenzábamos nuevamente el intercambio. Al principio pensé que tres minutos serían muy poco tiempo para explicar una investigación, pero con el paso de las rondas descubrí que precisamente esa limitación hacía que la experiencia fuera mucho más dinámica, porque cada grupo llegaba con intereses, experiencias y preguntas diferentes, por lo que no podíamos limitarnos a repetir exactamente el mismo discurso.


    Teníamos que escuchar, observar y encontrar la mejor manera de conectar nuestra investigación con la persona que teníamos enfrente, lo cual convirtió cada ronda en una experiencia distinta. En mi caso, esto me llevó a pensar que comunicar una investigación también implica aprender a traducir nuestras ideas sin perder su profundidad, pero procurando que puedan ser comprendidas y discutidas por personas que quizá no pertenecen directamente a nuestro campo de estudio.


    Para mí, esta fue una de las experiencias que mejor representó el valor del diálogo dentro de la educación abierta, porque compartir conocimiento no significó solamente transmitir información, sino permitir que otras personas hicieran preguntas, aportaran sus propias experiencias y nos ayudaran a mirar nuestras investigaciones desde perspectivas diferentes. Presentar investigaciones relacionadas con la inteligencia artificial, la ética, la educación abierta y las nuevas generaciones adquirió un significado especial al hacerlo frente a personas provenientes de diferentes partes del mundo, ya que cada conversación nos permitía reconocer tanto las particularidades de nuestros contextos como las preocupaciones que compartimos.

    Durante esos encuentros tuvimos la oportunidad de conversar con participantes provenientes de Túnez, Kenia, Rumania, Inglaterra, Brasil y otros lugares, y aunque nuestras realidades educativas eran diferentes, encontramos temas en común relacionados con el acceso a la tecnología, la formación docente, las desigualdades digitales, la ética en el uso de la inteligencia artificial y la necesidad de que las transformaciones tecnológicas respondan verdaderamente a propósitos educativos y sociales. Esta diversidad de perspectivas me permitió comprender que muchos de los retos que observamos desde nuestros propios contextos forman parte de conversaciones mucho más amplias, en las que cada región aporta experiencias particulares que pueden enriquecer la discusión global.


    Además de los espacios formales de presentación, tuvimos muchas conversaciones espontáneas durante la semana, algunas breves y otras que se extendieron mucho más de lo esperado. En varias ocasiones comenzamos hablando sobre nuestras investigaciones y terminamos compartiendo experiencias sobre nuestras instituciones, nuestros países, nuestros proyectos e incluso nuestras ideas para el futuro; de hecho, algunas de estas conversaciones dieron lugar a posibles colaboraciones que esperamos poder continuar desarrollando posteriormente. Esto me permitió reconocer que una experiencia internacional no termina cuando concluye una conferencia, sino que muchas veces es precisamente a partir de esos encuentros cuando comienzan nuevas posibilidades.


    A partir de estas interacciones, mi comprensión sobre la educación abierta también cambió. Antes podía relacionarla principalmente con el acceso al conocimiento, los recursos educativos y las posibilidades que ofrecen las tecnologías para compartir información; después de esta experiencia, comencé a verla también como una disposición para encontrarnos con otros, escuchar perspectivas diferentes y construir conocimiento de manera colaborativa. La Living Gallery me permitió experimentar esto de una manera muy concreta, pues cada vez que explicábamos nuestra investigación también la abríamos a nuevas preguntas y, en ocasiones, una persona podía plantearnos una perspectiva que no habíamos considerado o relacionar nuestro trabajo con una experiencia de su propio contexto, haciendo que el conocimiento dejara de ser algo estático para convertirse en algo que podía enriquecerse a través del diálogo.


    Otro de los aprendizajes que me llevo de esta experiencia es el valor de participar como estudiante e investigadora en formación dentro de un espacio internacional, porque a veces podemos pensar que necesitamos tener una trayectoria muy amplia antes de sentir que tenemos algo que aportar a una conversación académica. Estar en la UNESCO me permitió cuestionar esa idea y comprender que las investigaciones que desarrollamos desde nuestros propios contextos también pueden generar preguntas, interés y conexiones con personas de otras partes del mundo.


    Para mí fue especialmente significativo poder compartir un trabajo que nace desde mi realidad educativa en México, ya que en cada conversación también llevaba conmigo parte de mi formación como docente y de lo que he aprendido dentro de la BENC. Por ello, considero que esta experiencia no solamente fortaleció mi desarrollo académico, sino también mi sentido de pertenencia hacia la institución que hizo posible que pudiera estar ahí. Al mismo tiempo, vivir esta experiencia junto con mis compañeras fue fundamental, pues compartimos los nervios antes de presentar, nos preparamos juntas, escuchamos nuestras investigaciones y, después de cada jornada, comentamos lo que había ocurrido en las diferentes conversaciones, haciendo que el aprendizaje se construyera también desde nuestra experiencia como equipo.


    La experiencia también me llevó a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos quienes nos estamos formando en el campo educativo. En un momento en el que la inteligencia artificial está transformando rápidamente las maneras de aprender, enseñar, investigar y producir conocimiento, considero que no basta con preguntarnos qué puede hacer la tecnología, sino que también necesitamos preguntarnos para quién se desarrolla, con qué propósito se utiliza, quiénes pueden acceder a ella y bajo qué principios queremos incorporarla a la educación. Desde esta perspectiva, la innovación tecnológica no debería entenderse únicamente como la incorporación de nuevas herramientas, sino como una oportunidad para cuestionar y construir mejores formas de aprender y enseñar.


    La Digital Learning Week no me dejó respuestas definitivas a todas las preguntas; por el contrario, me dejó nuevas interrogantes, nuevos vínculos y nuevas posibilidades, y considero que eso es precisamente uno de los mayores aprendizajes que puede ofrecer un espacio de educación abierta: comprender que aprender no siempre significa encontrar respuestas, sino ampliar las preguntas desde las cuales observamos nuestra realidad.


    Al regresar, me quedo con mucho más que la satisfacción de haber participado en un evento internacional, pues me llevo las conversaciones, las personas que conocimos, las ideas que compartimos y las posibilidades que surgieron de esos encuentros. Me quedo también con la certeza de que la investigación puede convertirse en un puente para conectar realidades educativas muy diferentes y de que, cuando abrimos nuestros conocimientos al diálogo, también abrimos la posibilidad de transformarlos. Esta experiencia cobró todavía mayor sentido al relacionarla con el propósito de la propia Digital Learning Week, que en su edición 2026 buscó mantener la agencia humana, la equidad y el propósito público de la educación en el centro de los futuros educativos frente a la expansión de la inteligencia artificial (UNESCO, 2026).


    Agradecimientos. Esta experiencia se desarrolló en el marco del Proyecto UNOE Student Fellows Project, financiado por la William and Flora Hewlett Foundation y coordinado por la Universidad de Nantes. Se agradece el apoyo brindado para impulsar la formación, la investigación educativa y la innovación, mediante la educación abierta. Asimismo, se reconoce a la Benemérita Escuela Normal de Coahuila por su acompañamiento institucional y por promover el desarrollo de competencias investigativas.

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    Mi reflexión desde la Digital Learning Week 2026

    » de Yovanna Leija está bajo licencia CC BY 4.0

  • Un pequeño barco frente a nuevos horizontes

    Un pequeño barco frente a nuevos horizontes

    Reflexiones desde la UNESCO Digital Learning Week 2026

    Hay experiencias que comienzan mucho antes de llegar al lugar donde suceden.

    La experiencia de participación en la Digital Learning Week 2026 de la UNESCO comenzó con una invitación de la Dra. María Soledad Ramírez-Montoya, responsable de la Cátedra UNESCO Movimiento Educativo Abierto para América Latina, para que estudiantes de Maestría de la Benemérita Escuela Normal de Coahuila (BENC) participaran en el UNOE Fellowship Program. Los directivos y un equipo de docentes de la BENC confiaron en mí y en mis compañeras y nos consideraron para participar en el  Fellowship Program que nos permitió participar en esta experiencia internacional que nos llevó hasta París. Detrás de nuestra participación hubo orientación, acompañamiento y, sobre todo, la oportunidad de formar parte de una comunidad que apuesta por la educación abierta, la colaboración y la construcción colectiva del conocimiento.

    Experiencia que hasta entonces, parecía distante, casi como uno de esos acontecimientos que observamos desde lejos y pensamos que pertenecen a otros lugares, a otras personas, a otras realidades y sin embargo, ahí estábamos, en París. Participando en la UNESCO Digital Learning Week 2026.

    Para una maestra de educación primaria en México y actual estudiante de maestría llegar a un espacio internacional de esta magnitud representa mucho más que trasladarse de un país a otro, es atravesar también, una frontera intelectual, es descubrir que aquello que sucede todos los días en nuestras aulas forma parte de conversaciones mucho más amplias sobre el futuro de la educación y quizá por eso, mientras escuchaba las distintas intervenciones, no pude evitar sentirme como un pequeño barco en medio de nuevos horizontes.

    No era una sensación de pequeñez como sinónimo de incapacidad, sino la conciencia de estar frente a un océano inmenso. Un océano de conocimientos, investigaciones, experiencias, proyectos, preguntas y posibilidades que se extendían mucho más allá de lo que hasta entonces había alcanzado a imaginar.

    Esta experiencia fue posible gracias a la beca otorgada por la William and Flora Hewlett Foundation, con la coordinación de la University of Nantes, que hizo posible nuestra participación en la UNESCO Digital Learning Week 2026 en París. Más que un apoyo económico, aquella beca representó una puerta de entrada a un espacio internacional donde pudimos escuchar, dialogar y compartir nuestras propias experiencias educativas.

    La inteligencia artificial y la pregunta por la humanidad

    Tuvimos el honor de presenciar y participar en una reunión con el equipo de UNESCO y del UNOE Fellowship Program, en la que se compartieron los resultados y experiencias del trabajo realizado durante el programa, así como proyectos relacionados con UNITWIN y las Cátedras UNESCO. El encuentro permitió intercambiar opiniones, preguntas y perspectivas entre participantes de distintos contextos, además de dimensionar las acciones, programas y planes de trabajo que se desarrollan en colaboración con instituciones, docentes e investigadores.

    La inteligencia artificial atravesó gran parte de las conversaciones, pero lejos de encontrar únicamente fascinación por la tecnología, encontré algo que considero mucho más importante: preguntas. Preguntas sobre ética, acceso, equidad, formación docente, diseño, costos e infraestructura, preguntas que permitían mirar la inteligencia artificial no solo desde sus posibilidades, sino también desde las condiciones necesarias para que su incorporación en la educación sea responsable, pertinente y verdaderamente inclusiva. Sobre la capacidad de los sistemas educativos para adaptarse y el lugar que queremos que ocupe la inteligencia artificial en nuestras sociedades. Hablar de IA en educación no puede reducirse a preguntarnos qué herramienta utilizar o qué plataforma incorporar. La discusión es mucho más profunda.

    Si la inteligencia artificial puede producir información, entonces debemos fortalecer nuestra capacidad para analizarla. Si puede generar contenidos, necesitamos formar personas capaces de cuestionarlos. Si puede automatizar determinados procesos, debemos preguntarnos qué tareas vale la pena automatizar y cuáles requieren precisamente aquello que nos hace humanos: el juicio, la empatía, la creatividad, la interacción y la comprensión del contexto.

    Por eso, cuando pienso en el futuro de la educación, no imagino una escuela reemplazada por tecnología. Imagino una escuela donde la tecnología pueda ampliar las posibilidades humanas sin desplazar la esencia del acto educativo.

    De los recursos abiertos a las comunidades abiertas

    Esta experiencia también fortaleció una convicción que ha acompañado mi trabajo: el conocimiento adquiere mayor valor cuando puede compartirse, transformarse y ponerse al servicio de otros.

    Esta idea está profundamente vinculada con mi propia investigación, Toward Open and Inclusive Teacher Education in Artificial Intelligence Environments: A Cross-Sectional Descriptive Correlational Study, en la que analicé las competencias relacionadas con la educación abierta en estudiantes de formación inicial docente, particularmente en torno al acceso inclusivo al conocimiento y los Recursos Educativos Abiertos (REA). A través del estudio exploré dimensiones relacionadas con el desarrollo de capacidades, las políticas, el acceso inclusivo, la sostenibilidad y la cooperación, buscando comprender qué tan presentes se encuentran estas competencias en quienes se están formando para ejercer la docencia.

    Durante la UNESCO Digital Learning Week 2026, muchas de las conversaciones que presencié dialogaban directamente con estas preocupaciones. Participé como oyente en espacios como Curriculum and Learning Design in the Age of AI, donde se discutió cómo enseñar sobre IA, enseñar con IA y repensar el diseño del aprendizaje ; Putting Teachers in the Lead : Designing AI Tools from Classroom Realities, que colocó las experiencias y necesidades de los docentes como punto de partida para el diseño de herramientas de IA; y Where Frameworks End and Teaching Begins, que permitió reflexionar sobre la distancia entre los marcos conceptuales y la complejidad de la práctica educativa. Estas discusiones me llevaron a pensar nuevamente en la formación docente: no basta con que los futuros maestros conozcan nuevas tecnologías; necesitan desarrollar criterios para decidir cómo, cuándo y con qué propósito utilizarlas.

    También presencié conversaciones relacionadas con Strengthening Gen AIA Responsiveness for University Teachers: Framework and Cases y Transfor Ming Higher Education in the Age of AI: Mapping the Issues, que ampliaron mi mirada hacia los desafíos que la inteligencia artificial plantea para las instituciones, la formación de profesores y los procesos de enseñanza y aprendizaje. De manera particular, la sesión Frugal AI for Equitable Learning: Small Models, Offline Solutions, Wider Access me hizo pensar en una cuestión estrechamente relacionada con la educación abierta: la innovación pierde parte de su sentido si las condiciones para acceder a ella continúan siendo profundamente desiguales. La discusión sobre modelos pequeños y soluciones que puedan funcionar incluso en contextos con limitaciones de conectividad mostró que la equidad también debe formar parte del diseño tecnológico.

    Todas estas conversaciones encontraron un punto de encuentro con mi investigación. Si la inteligencia artificial está modificando las formas de producir, acceder y compartir conocimiento, entonces resulta indispensable fortalecer las competencias de los docentes para participar críticamente en estos procesos. Y, en ese escenario, los Recursos Educativos Abiertos adquieren una relevancia particular: no se trata únicamente de encontrar materiales disponibles gratuitamente, sino de comprender sus condiciones de uso, las licencias abiertas, las posibilidades de adaptación y redistribución y, sobre todo, la responsabilidad que implica compartir conocimiento.

    Además, tuve la oportunidad de trabajar y convivir con compañeras provenientes de distintos contextos, entre ellos Uruguay, Nantes, Brasil, Arabia Saudita y México. Algunas pudimos encontrarnos presencialmente en París, mientras que otras, aunque no pudieron asistir físicamente, continuaron participando y colaborando en los trabajos. Esta experiencia hizo tangible para mí aquello que tantas veces había estudiado desde la teoría: una comunidad abierta puede construirse más allá de las fronteras y de la presencialidad. Puede surgir cuando diferentes personas aportan conocimientos, experiencias y perspectivas para construir algo en común.

    Por eso, mi experiencia en París me llevó de pensar en los recursos abiertos a pensar en las comunidades abiertas. Porque un REA puede ser un punto de partida, pero es la colaboración la que permite que ese conocimiento viaje, se adapte a otros contextos y genere nuevas posibilidades. Y quizá uno de los mayores aprendizajes de esta semana fue comprender que la transformación educativa no ocurre únicamente desde las grandes instituciones o los organismos internacionales. También nace desde las aulas, desde una maestra que comparte una estrategia, desde un estudiante que encuentra una nueva manera de aprender, desde una investigación que identifica una problemática y desde una comunidad que decide poner en común lo que sabe.

    Abrir el conocimiento, entonces, también significa abrir caminos. Y quizá eso sea lo que más me llevo de esta experiencia: la certeza de que no necesitamos navegar solos. Podemos compartir mapas, construir redes y aprender de quienes navegan desde otros lugares. Porque cuando una experiencia, una investigación o un recurso se comparte, deja de pertenecer únicamente a quien lo creó y comienza a formar parte de una comunidad capaz de transformarlo y llevarlo mucho más lejos.

    Lo que me llevo para compartir al volver a casa

    Una parte importante de esta experiencia fue escuchar y conocer propuestas que muestran distintas maneras de incorporar la tecnología y la inteligencia artificial en educación. Entre las sesiones que más llamaron mi atención estuvieron:

    “The UNESCO AI Competency Frameworks in Practice”, que permitió conocer cómo los marcos de competencias en inteligencia artificial pueden llevarse a la práctica educativa y orientar el desarrollo de capacidades en docentes y estudiantes.

    “Human-Centered AI for Inclusive Education”, una propuesta que puso en el centro a las personas y la inclusión al abordar el uso de la inteligencia artificial en educación, resaltando la importancia de diseñar soluciones que respondan a necesidades educativas reales.

    “Expanding Access to Personalized Feedback Through Simulation-Based Learning”, que presentó posibilidades para ampliar el acceso a retroalimentación personalizada mediante experiencias de aprendizaje basadas en simulación.

    “Gamification Platform Built by Teachers Using AI for Environmental Action”, donde conocimos Eco-In Project, una iniciativa desarrollada por docentes coreanos de educación primaria que integraron gamificación e inteligencia artificial para trabajar temas relacionados con el medio ambiente y promover la participación de los estudiantes en acciones de carácter ambiental. Me resultó especialmente significativo observar cómo una propuesta creada por maestros desde el aula puede convertirse en una experiencia innovadora con apoyo de la tecnología.

    “Making Climate Education Tangible Through Microclimate Adaptive Learning”, que abordó nuevas formas de acercar la educación climática a los estudiantes mediante experiencias vinculadas con su entorno y con condiciones microclimáticas.

    Fueron solo algunas de las muchas propuestas que pude escuchar durante la semana. Cada una mostró, desde diferentes perspectivas, que la innovación educativa no depende únicamente de incorporar nuevas tecnologías, sino de encontrar formas pertinentes de utilizarlas para responder a necesidades concretas. Son experiencias que quiero llevar conmigo de regreso a México, continuar explorando y compartir con las comunidades educativas mis aprendizajes y hallazgos.

    El pequeño barco

    Hubo momentos durante esta experiencia en los que volví inevitablemente a la imagen de un barco. Un pequeño barco frente a un horizonte enorme. Así me sentí al escuchar a especialistas de diferentes partes del mundo hablar sobre problemáticas que, aunque forman parte de mis intereses académicos, apenas comenzaba a dimensionar desde otras perspectivas. Cada panel, cada investigación y cada conversación parecía ampliar un poco más ese horizonte. Había nuevas preguntas sobre inteligencia artificial, educación, currículo, evaluación, formación docente, acceso al conocimiento y especialmente, sobre los caminos que debemos construir para que la transformación digital sea también una transformación educativa más abierta e inclusiva.

    Pero hubo un momento en el que ese barco dejó de ser únicamente una metáfora para observar el mundo y se convirtió en una oportunidad para poner mi propio conocimiento en movimiento: compartir mi investigación.

    Presentar mi trabajo en un espacio internacional fue una experiencia profundamente significativa. Detrás de esa presentación existía también el acompañamiento y la confianza de un equipo de doctores que hicieron posible este camino, quienes me impulsaron y apoyaron para llevar hasta París una investigación que nació desde mi contexto de formación docente en México, la BENC. Explicar una investigación propia frente a personas de diferentes contextos tiene algo que te obliga a volver a mirar aquello que creemos conocer.

    Cuando presentamos nuestro trabajo, esperamos preguntas sobre la metodología, los resultados o las decisiones tomadas. Pero algunas preguntas hacen algo más profundo, nos hacen cuestionarnos a nosotros mismos. Cada interrogante abría una posibilidad, algunas preguntas me hicieron pensar en aspectos que no había considerado inicialmente; otras permitieron encontrar puntos de encuentro con investigaciones y experiencias distintas, algunas más dieron lugar a ideas que pueden fortalecer futuras etapas de mi trabajo. En ese intercambio comprendí que investigar no significa construir respuestas definitivas, sino entrar en conversación con otras miradas para permitir que nuestras propias ideas continúen evolucionando.

    Y fue precisamente en esas conversaciones donde la educación abierta adquirió para mí un significado todavía más concreto. Al dialogar sobre mi investigación, pude observar algo que considero especialmente relevante, no todas las personas vinculadas con la educación conocen con profundidad qué son los Recursos Educativos Abiertos, qué implica realmente que un recurso sea abierto o cuáles son las condiciones necesarias para compartir, adaptar y reutilizar materiales educativos.

    Algunas conversaciones partieron incluso de descubrir que un recurso disponible gratuitamente en internet no necesariamente es un Recurso Educativo Abierto. Esto puede parecer una distinción sencilla, pero en realidad implica una comprensión más profunda del conocimiento y de sus posibilidades de circulación.

    Hablar de REA significa también hablar de licencias abiertas, de derechos de autor, de posibilidades de reutilización y adaptación, y de las distintas formas en que un recurso puede ponerse a disposición de otras personas. Significa comprender que la apertura no se limita al acceso gratuito, sino que está relacionada con las condiciones que permiten que el conocimiento pueda ser utilizado, transformado y compartido de manera legal y responsable.

    Las conversaciones me llevaron también a recordar las recomendaciones internacionales que han impulsado la educación abierta y, particularmente, la importancia que la UNESCO ha otorgado a los Recursos Educativos Abiertos como una vía para favorecer un acceso más equitativo al conocimiento, fortalecer las capacidades de docentes y estudiantes y promover la cooperación y el intercambio de recursos.

    Descubrir que algunas de estas ideas todavía no eran ampliamente conocidas me produjo una reflexión importante. Quizá una de las tareas que tenemos por delante no consiste únicamente en crear más recursos, sino en fortalecer la cultura que permite comprenderlos, utilizarlos, adaptarlos y compartirlos. Porque no basta con abrir un recurso si quienes podrían beneficiarse de él desconocen que existe, no saben cómo utilizarlo o no conocen las condiciones bajo las cuales pueden modificarlo y volver a compartirlo.

    La educación abierta, entonces, también requiere formación. Requiere alfabetización sobre licencias, conocimiento sobre derechos de autor y competencias digitales, pero, sobre todo, requiere una cultura de colaboración. Y ahí encontré una conexión especialmente poderosa con las conversaciones sobre inteligencia artificial que atravesaron la semana.

    En un momento en que la inteligencia artificial está transformando la manera en que producimos, buscamos y compartimos conocimiento, comprender qué significa que un contenido sea abierto se vuelve todavía más importante. Las posibilidades tecnológicas pueden ampliar enormemente nuestra capacidad para crear y distribuir materiales educativos, pero también nos obligan a preguntarnos por su autoría, sus fuentes, sus licencias, su calidad y las condiciones bajo las cuales pueden ser reutilizados.

    Por eso, salir de mi presentación con nuevas preguntas fue quizá uno de los aprendizajes más valiosos. Mientras avanzaban las sesiones, aquel sentimiento inicial comenzó a transformarse. El barco seguía siendo pequeño. El océano seguía siendo inmenso. Pero ahora sabía que había más rutas, más puertos y más posibilidades de navegación.

    Comprendí que no necesitaba conocer todo el océano para comenzar a recorrerlo. Necesitaba estar dispuesta a escuchar, preguntar, aprender y compartir el camino con otros. A veces, crecer profesionalmente significa precisamente aceptar que todavía tenemos mucho que aprender. La experiencia internacional no disminuyó mi certeza sobre lo que sé; amplió mi conciencia sobre todo aquello que todavía quiero conocer.

    Y esa conciencia se convirtió en motivación. Motivación para investigar más, para leer más, para preguntar, para experimentar y para fortalecer mi formación. Motivación para continuar profundizando en la educación abierta y los Recursos Educativos Abiertos, pero también para regresar a mi contexto y preguntarme qué puedo hacer con todo aquello que escuché, vi y sentí.

    Porque no quería que París se quedara solamente como un enorme recuerdo. Quería que lo aprendido regresara conmigo. Que las preguntas viajaran de vuelta. Que las conversaciones se transformaran en acciones. Que los conocimientos compartidos encontraran nuevos espacios y que las experiencias que tuve la oportunidad de vivir pudieran convertirse, de alguna manera, en oportunidades para alguien más.

    Y quizá ahí comprendí algo esencial sobre la educación abierta: abrir el conocimiento también significa abrirnos nosotros mismos a la posibilidad de aprender de los demás. Un recurso puede compartirse, una investigación puede discutirse, una idea puede transformarse y una pregunta puede viajar de un país a otro. Cuando eso sucede, el conocimiento deja de permanecer en un solo lugar y comienza a construir comunidad.

    Por eso, hoy miro nuevamente aquella imagen del pequeño barco. Ya no lo veo detenido frente a un océano desconocido, sino navegando en él, consciente de que todavía existen muchas rutas por descubrir. Necesitamos la disposición para aprender de quienes ya han recorrido algunas de sus aguas, compartir nuestras propias experiencias y construir, entre todos, nuevas rutas hacia una educación más abierta, inclusiva y colaborativa.

    Porque cuando encontramos una nueva ruta, quizá nuestra mayor responsabilidad no sea guardarla para nosotros, sino dejarla abierta para que alguien más pueda recorrerla.

    El viaje continúa

    Regresé de París con nuevas preguntas y aprendizajes sobre los retos y oportunidades que enfrenta la educación ante la inteligencia artificial, la educación abierta y la transformación digital. La UNESCO Digital Learning Week me permitió conocer otras perspectivas, compartir mi investigación y reconocer el valor de colaborar con docentes, estudiantes e investigadores de distintos contextos. Ahora regreso a México con nuevas ideas para seguir aprendiendo, investigando y compartiendo con las comunidades educativas los hallazgos y aprendizajes de esta experiencia, llevándolos también a mi práctica educativa. El viaje termina, pero el trabajo continúa.

    Agradecimientos. Esta experiencia se desarrolló en el marco del Proyecto UNOE Student Fellows Project, financiado por la William and Flora Hewlett Foundation y coordinado por la Universidad de Nantes. Se agradece el apoyo brindado para impulsar la formación, la investigación educativa y la innovación, mediante la educación abierta. Asimismo, se reconoce a la Benemérita Escuela Normal de Coahuila por su acompañamiento institucional y por promover el desarrollo de competencias investigativas.

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    Un pequeño barco frente a nuevos horizontes

    » de Yaretzy Gabriela Calamaco Munguia está bajo licencia CC BY 4.0

  • La motivación y la influencia de la inteligencia artificial en el aprendizaje: perspectivas sobre el futuro de la educación

    La motivación y la influencia de la inteligencia artificial en el aprendizaje: perspectivas sobre el futuro de la educación

    Gabriela Alvarado forma parte del proyecto Student Fellows. Cursa la Maestría en Innovación Pedagógica y Gestión Educativa en la Benemérita Escuela Normal de Coahuila, México. Le apasiona la lectura, disfruta practicar deporte y participar en actividades artísticas como el baile. Dedica gran parte de su tiempo a la enseñanza de niños y adolescentes, utilizando el juego como una herramienta clave en su proceso educativo. A lo largo de su trayectoria profesional, aspira a convertirse en una docente que deje una huella significativa en la vida de sus estudiantes.


    La rápida evolución de la Inteligencia Artificial (IA) está transformando la manera en que se enseña y se aprende, convirtiéndose en una de las principales innovaciones que enfrenta actualmente la educación superior. En este contexto, comprender cómo la IA influye en la motivación de los estudiantes y cómo puede integrarse de forma responsable en los procesos educativos representa un desafío tanto para docentes como para estudiantes.

    Con el propósito de reflexionar sobre esta realidad, se llevó a cabo el webinar «La motivación y la influencia de la Inteligencia Artificial en el aprendizaje«, organizado en el marco del UNOE Mexico Team Student Fellowship, con la participación de ponentes de México, Brasil y Uruguay.

    Póster de difusión del webinar

    Desarrollo del webinar: “Motivations for learning and AI influence”

    Durante el webinar, se abordó la relación entre la motivación para el aprendizaje y la influencia de la inteligencia artificial en los procesos educativos. Se destacó que la IA puede convertirse en una herramienta que impulse el interés, la autonomía y la participación de los estudiantes al ofrecer recursos personalizados, retroalimentación inmediata y nuevas formas de interactuar con el conocimiento. Sin embargo, también se resaltó la importancia de mantener un uso consciente y equilibrado, donde la tecnología complemente el esfuerzo personal y no sustituya la reflexión, la creatividad ni el compromiso del estudiante.

    Una de las ideas centrales fue comprender que la motivación no depende únicamente del uso de herramientas digitales, sino de cómo estas son integradas dentro de experiencias de aprendizaje significativas; la IA puede favorecer la motivación cuando responde a las necesidades de los estudiantes, facilita la comprensión de los contenidos y permite desarrollar habilidades para aprender de manera más autónoma y responsable.

    Reflexiones finales: nuevos retos y oportunidades en la educación digital

    La participación en este evento permitió ampliar nuestra perspectiva sobre los desafíos y oportunidades que surgen con la incorporación de la inteligencia artificial en los procesos educativos. A través del intercambio de ideas y experiencias, comprendimos que la transformación educativa no depende únicamente de integrar nuevas herramientas tecnológicas, sino de utilizarlas con intención pedagógica para mejorar el aprendizaje.

    Esta experiencia nos permitió reconocer el papel fundamental de los docentes como guías en el uso responsable de la inteligencia artificial, promoviendo en los estudiantes habilidades como el pensamiento crítico, la autonomía y la capacidad de tomar decisiones informadas; analizamos que la IA representa una oportunidad para enriquecer la enseñanza, siempre que sea acompañada de valores, reflexión y una visión centrada en las necesidades humanas.

    Agradecemos al programa UNOE Student Fellowship y a todas las personas que hicieron posible este espacio de aprendizaje y colaboración. Esperamos que este tipo de encuentros continúe impulsando el diálogo sobre el futuro de la educación y el papel de la tecnología en la construcción de experiencias de aprendizaje más innovadoras y significativas.

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    La motivación y la influencia de la inteligencia artificial en el aprendizaje: perspectivas sobre el futuro de la educación

    » by Gabriela Alvarado is licensed under CC BY 4.0

  • Innovando la Educación con IA y REA: Diálogo Internacional para un Aprendizaje Transformador

    Innovando la Educación con IA y REA: Diálogo Internacional para un Aprendizaje Transformador

    Yaretzy Gabriela Calamaco Munguía forma parte del proyecto Student Fellows. Es estudiante de la Maestría en Innovación Pedagógica y Gestión Educativa de la Benemérita Escuela Normal de Coahuila (México). Le interesan la innovación educativa, las tecnologías digitales y la inteligencia artificial aplicada al aprendizaje.

    Uniendo Innovación y Colaboración Internacional

    La innovación educativa surge cuando las ideas, las personas y las tecnologías se encuentran para repensar la manera en que aprendemos y enseñamos. El 13 de junio de 2026 se llevó a cabo el webinar “Innovando la Educación con IA y REA”, organizado por el equipo de Student Fellowship de UNOE México en modalidad virtual a través de Zoom, con la participación de aproximadamente 45 asistentes.

    La sesión, coordinada por líderes académicos de México y desarrollada en colaboración con participantes internacionales de Uruguay, generó un espacio significativo para el diálogo académico sobre la integración de la Inteligencia Artificial (IA) y los Recursos Educativos Abiertos (REA) en la educación contemporánea.

    El webinar fue dirigido por dos estudiantes ponentes: Yaretzy Gabriela Calamaco Munguía, estudiante de la Maestría en Innovación Pedagógica y Gestión Educativa de la Benemérita Escuela Normal de Coahuila (México), y Agustina Sofía Mignaco Hernández, estudiante de la Universidad de la República (Uruguay). Su participación favoreció un valioso intercambio intercultural de perspectivas, enriqueciendo la reflexión sobre la innovación educativa desde diversos contextos académicos y culturales.

    Webinar announcement poster

    Temas Centrales y Participación de los Asistentes

    El evento reunió a ponentes y participantes de diversos contextos educativos, promoviendo la reflexión colaborativa entre México y Uruguay. Entre los principales temas abordados destacó el uso pedagógico de la Inteligencia Artificial en la educación, resaltando su potencial para apoyar el aprendizaje personalizado, el diseño instruccional y la innovación educativa, así como la importancia de una implementación ética, transparente y responsable.

    Asimismo, se exploró el papel de los Recursos Educativos Abiertos (REA) como una estrategia para promover el acceso abierto al conocimiento, la equidad educativa y la construcción colaborativa del aprendizaje mediante el intercambio de recursos y licencias abiertas. De igual manera, se presentó el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) como un marco inclusivo que favorece la atención a la diversidad a través de experiencias educativas flexibles y adaptadas a distintos contextos y necesidades.

    Los participantes también reflexionaron sobre el desarrollo de competencias digitales esenciales, tales como la alfabetización digital, la comunicación, la creación de contenidos, la colaboración y el pensamiento crítico en entornos educativos cada vez más mediados por la tecnología.

    La participación interactiva fue uno de los elementos más destacados de la sesión. Mediante actividades desarrolladas con Mentimeter, los asistentes identificaron las competencias digitales más relevantes para su desarrollo profesional. Además, una dinámica colaborativa permitió construir una definición colectiva de los REA a partir de conceptos como accesibilidad, inclusión, colaboración, acceso abierto e innovación educativa.

    La sesión se desarrolló principalmente en español, con subtítulos en inglés habilitados para favorecer la accesibilidad y la participación internacional, reafirmando su compromiso con un diálogo inclusivo y global.

    Reflexiones Para el Futuro

    Más que un evento académico, este webinar se convirtió en un espacio de reflexión, conexión y construcción colectiva, donde los participantes compartieron experiencias y visualizaron futuros educativos más innovadores e inclusivos. El diálogo entre México y Uruguay puso de manifiesto el valor de la colaboración internacional para afrontar los desafíos y oportunidades de la educación en la era digital.

    Finalmente, esta experiencia nos recuerda que la transformación educativa no depende únicamente de la tecnología, sino también del compromiso humano de aprender juntos, compartir conocimientos y construir comunidades de aprendizaje más abiertas, equitativas y significativas.

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    Innovando la Educación con IA y REA: Diálogo Internacional para un Aprendizaje Transformador

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  • Aprendiendo sobre el uso justo y ético de la Inteligencia Artificial en la evaluación

    Aprendiendo sobre el uso justo y ético de la Inteligencia Artificial en la evaluación

    Yovanna Leija forma parte del proyecto Student Fellows. Cursa una Maestría en Innovación y Gestión Educativa en la Benemérita Escuela Normal de Coahuila, México. Está interesada en la investigación educativa, especialmente en temas relacionados con la inteligencia artificial, la ética y el aprendizaje. Disfruta analizando los desafíos actuales que enfrenta el sistema educativo y reflexionando sobre los cambios que las nuevas tecnologías están generando en la enseñanza y el aprendizaje.

    Como estudiantes normalistas de la Benemérita Escuela Normal de Coahuila, en México, participar en el programa UNOE Student Fellowship ha sido una valiosa oportunidad para explorar los desafíos y las oportunidades actuales de la educación. Una de las experiencias más significativas de este recorrido fue la organización y realización del webinar titulado “Uso Justo y Ético de la Inteligencia Artificial en la Evaluación”.

    La inteligencia artificial está cada vez más presente en los entornos educativos. Aunque ofrece beneficios importantes, como la retroalimentación personalizada, el apoyo al aprendizaje y la asistencia en los procesos de evaluación, también plantea preocupaciones éticas relacionadas con la integridad académica, la transparencia, los sesgos, la privacidad y la equidad. Estas cuestiones nos motivaron a crear un espacio de diálogo y reflexión.

    Webinar announcement poster

    Organización del webinar: “Fair and Ethical Use of Artificial Intelligence in Assessment.”

    Durante el webinar, tuvimos la oportunidad de aprender de ponentes provenientes de distintos países y contextos educativos. Sus perspectivas nos ayudaron a comprender que el uso ético de la IA no es únicamente una cuestión tecnológica, sino también humana. Docentes, estudiantes e instituciones comparten la responsabilidad de garantizar que la inteligencia artificial se utilice de manera que favorezca el aprendizaje y, al mismo tiempo, respete los principios éticos.

    Una de las ideas centrales que discutimos fue la importancia de desarrollar lineamientos claros y fomentar la ética digital. En lugar de considerar la IA únicamente como una amenaza o una solución, exploramos cómo puede utilizarse de manera responsable para fortalecer las prácticas de evaluación y promover experiencias de aprendizaje significativas.

    Más allá del evento: fortalecimiento de competencias esenciales

    La organización de este evento también nos permitió fortalecer nuestras habilidades de colaboración, comunicación y liderazgo. Trabajar con una audiencia internacional y participar en conversaciones sobre desafíos educativos globales nos recordó la importancia del diálogo intercultural y del aprendizaje colectivo.

    Esta experiencia reforzó nuestra convicción de que el futuro de la educación requerirá no solo conocimientos tecnológicos, sino también conciencia ética. Como futuras docentes, reconocemos la importancia de promover un uso responsable de la inteligencia artificial y de ayudar a los estudiantes a desarrollar las habilidades de pensamiento crítico necesarias para desenvolverse en un mundo cada vez más digital.

    Agradecemos al programa UNOE Student Fellowship, a nuestras ponentes y a todas las personas participantes que contribuyeron a esta enriquecedora discusión. Esperamos que las conversaciones sobre el uso ético de la inteligencia artificial en la educación continúen creciendo e inspirando cambios positivos en la enseñanza y el aprendizaje.

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    Aprendiendo sobre el uso justo y ético de la Inteligencia Artificial en la evaluación

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