Mi experiencia en la Semana del Aprendizaje Digital 2026, París
Participar en la Semana del Aprendizaje Digital 2026, en París, como parte del programa UNESCO, representó una experiencia profundamente significativa para mi formación profesional y personal. La oportunidad de dialogar con docentes, investigadores, especialistas en tecnología educativa, representantes internacionales y ministros de educación me permitió ampliar mi perspectiva sobre los desafíos que enfrenta actualmente la educación ante el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Más allá de las fronteras, los sistemas educativos comparten inquietudes que requieren respuestas colectivas, sensibles a las diferencias sociales y orientadas al bienestar de las personas y la sostenibilidad del planeta.
Sin embargo, esta experiencia significó para mí mucho más que conocer nuevas herramientas o escuchar propuestas innovadoras. Como docente de educación primaria en México, me interesa construir experiencias de aprendizaje que tengan sentido para mis estudiantes, respondan a sus necesidades y contribuyan a su desarrollo integral, puesto que desde mi lugar en el aula observo que educar implica mucho más que transmitir conocimientos, significa acompañar procesos, reconocer las diferencias, despertar la curiosidad y brindar oportunidades a quienes no siempre cuentan con las mismas condiciones para aprender.

Por eso, llegar a un espacio internacional en el que se discutía el futuro de la educación también me llevó a preguntarme cuál es mi papel en esta transformación. Me entusiasma pensar que la inteligencia artificial puede ayudarnos a encontrar nuevas formas de enseñar, atender necesidades educativas y ampliar las oportunidades de aprendizaje. Al mismo tiempo, me preocupa que su incorporación avance más rápido que nuestra capacidad para comprender sus consecuencias, especialmente en comunidades donde el acceso a la tecnología, la conectividad, la formación continúa y la capacitación ética está siendo desigual.
Desde esta perspectiva, regresé con una convicción: no podemos hablar del futuro de la educación sin escuchar a quienes viven sus desafíos cotidianos, pero tampoco podemos permanecer al margen de los cambios que ya están transformando nuestra sociedad.
El verdadero desafío de la inteligencia artificial
Uno de los principales aprendizajes obtenidos durante esta experiencia fue comprender desde diversos discursos emitidos por docentes, investigadores, ministros y expertos en tecnología educativa, que la Inteligencia Artificial ya forma parte de la realidad educativa y social, por lo que los esfuerzos colectivos no deberían centrarse únicamente en intentar evitar su presencia en las escuelas sino en aprender a integrarla de manera responsable, ética y consciente sin dejar de reconocer el papel fundamental, en este caso, del juicio docente, la creatividad y el pensamiento crítico aplicado en la enseñanza cotidiana.
Esta información me llevó a una reflexión personal desde la perspectiva docente, pues en mi contexto educativo solemos concentrar esfuerzos en evitar el uso de esta herramienta como ayuda para el trabajo escolar, pero la verdadera labor tomando en cuenta que la IA ya forma parte de la realidad educativa sería generar las condiciones necesarias para que su incorporación sea responsable, segura, equitativa y orientada al bienestar de la comunidad educativa.
Rescato que la tecnología puede ofrecer información, generar textos, proponer actividades y facilitar determinadas tareas; sin embargo, no sustituye el juicio docente, la creatividad, el pensamiento crítico ni la comprensión profunda que buscamos desarrollar en nuestros estudiantes. Una respuesta generada por inteligencia artificial no garantiza que exista aprendizaje, de la misma manera que utilizar una herramienta innovadora no asegura, por sí solo, una mejora educativa.
Una conversación que trasciende la tecnología

Uno de los momentos más significativos de esta experiencia fue participar en una sesión de ministros de educación sobre el costo real de la inteligencia artificial. Esta conversación me hizo sentir curiosidad, pero también preocupación al comprender que su impacto va mucho más allá de los beneficios tecnológicos y económicos. Su implementación implica recursos, energía, agua, conectividad, protección de datos y, sobre todo, decisiones que afectan a las personas y al medioambiente.
Como docente, me pregunté cómo podemos hablar de innovación educativa cuando las escuelas no cuentan con las mismas oportunidades. Me inquieta pensar que una tecnología creada para facilitar el aprendizaje pueda ampliar las desigualdades existentes si no se garantiza un acceso equitativo. Al mismo tiempo, me entusiasma imaginar las posibilidades que ofrece cuando se utiliza de manera responsable y responde a necesidades reales.
Esta reflexión me permitió comprender que el verdadero costo de la inteligencia artificial no se mide únicamente en dinero, sino también en sus consecuencias sociales, ambientales, educativas y éticas. Me llevo el compromiso de mirar la innovación con entusiasmo, pero también con sentido crítico, recordando que la tecnología debe estar al servicio de las personas y no al revés.
El papel de los docentes en la adaptación digital

Me gustaría resaltar que otro de los aprendizajes obtenidos dentro de este evento es la importancia de los docentes dentro del campo de la innovación en relación con la Inteligencia Artificial, pues somos nosotros quienes enfrentamos los desafíos del proceso de enseñanza-aprendizaje, del rezago educativo y de la brecha desigualitaria en el acceso a la tecnología, por ello considero que nuestra participación no debe limitarse a utilizar las herramientas que son desarrolladas por otras personas, sino que también debemos tener la posibilidad de expresar nuestras necesidades, aportar nuestra experiencia y participar activamente en el diseño de soluciones tecnológicas que respondan a los contextos educativos reales.
Durante el evento pude conocer diferentes aplicaciones, dispositivos y propuestas innovadoras que incorporan Inteligencia Artificial para atender necesidades específicas dentro de la educación; entre ellas, llamó mi atención una herramienta orientada a la enseñanza del clima mediante un chatbox, así como una aplicación basada en un sistema de puntos que utiliza inteligencia artificial y que al mismo tiempo busca disminuir el consumo de recursos naturales; estos ejemplos me hicieron darme cuenta que innovar no siempre significa crear tecnologías más complejas, sino encontrar nuevas formas de utilizar lo que ya tenemos para resolver problemas reales y generar beneficios para los estudiantes, la sociedad y el medio ambiente.
Como docente, esta experiencia fortaleció mi interés por participar en procesos de innovación que partan de las necesidades del aula. Estoy convencida de que la experiencia de quienes enseñamos puede aportar una perspectiva indispensable para desarrollar soluciones más accesibles, contextualizadas y humanas.
Hablar del estrés académico también es hablar del bienestar educativo
Otro momento que esperaba con especial ilusión era la oportunidad de presentar mi trabajo titulado “Habilidades de IA de estudiantes de las nuevas generaciones: Horizontes para la ética y la educación abierta”. Para mí, compartir una investigación sobre inteligencia artificial y estrés académico en un espacio internacional representaba un reto importante, pero también una oportunidad para conocer otras perspectivas y descubrir si las preguntas que habían surgido desde mi contexto educativo también estaban presentes en otros lugares.
Antes de mi exposición, tenía varias expectativas y preguntas. Me preguntaba: ¿cómo perciben otros docentes la incorporación de la inteligencia artificial en la educación?, ¿cómo están enfrentando los estudiantes el estrés académico en otros contextos?, ¿qué papel puede tener la inteligencia artificial frente a estas situaciones y cuáles son sus límites?
También sentía cierta incertidumbre. Me preguntaba si el tema que había investigado tendría sentido para personas provenientes de realidades educativas diferentes a la mía y si encontraría puntos de coincidencia con sus experiencias. Al mismo tiempo, me emocionaba la posibilidad de escuchar opiniones distintas, recibir cuestionamientos y descubrir nuevas formas de interpretar los resultados de mi investigación.
Más que esperar respuestas definitivas, llegué con la intención de generar una conversación porque quería conocer si la relación entre tecnología, aprendizaje y bienestar educativo era una preocupación compartida y qué preguntas estaban surgiendo en otros sistemas educativos. Esta expectativa hizo que la presentación significara para mí mucho más que explicar resultados, significaba poner mis ideas a prueba y permitir que otras voces las enriquecieran.
Durante el intercambio con docentes de diferentes partes del mundo, comprendí que muchas de estas inquietudes trascienden un contexto específico. Sin embargo, también observé que las respuestas no pueden ser iguales para todas las comunidades educativas. Las condiciones de acceso a la tecnología, las características de los estudiantes, las exigencias académicas y las realidades institucionales influyen en la manera en que cada comunidad enfrenta estos desafíos.
Al finalizar, algunas de mis preguntas no desaparecieron; por el contrario, surgieron nuevas. Y considero que eso fue precisamente lo más valioso de la experiencia. Regresé con mayor curiosidad por seguir investigando y con la convicción de que la educación necesita espacios donde no solamente presentemos respuestas, sino donde también podamos formular mejores preguntas sobre el futuro que estamos construyendo con la inteligencia artificial.
Sin duda esta experiencia enriqueció mi perspectiva y visión sobre las diversas aplicaciones de la Inteligencia Artificial en el contexto educativo y sobre lo importante que es contribuir desde nuestra sociedad a la construcción de propuestas que permitan aprovechar sus beneficios de manera ética, responsable e inclusiva.
Esta experiencia me recordó que participar en una conversación global no significa dejar atrás nuestras realidades locales, por el contrario, implica regresar a ellas con nuevas preguntas, perspectivas y herramientas para actuar. Las grandes transformaciones educativas también comienzan en las decisiones cotidianas que tomamos dentro del aula, en las oportunidades que ofrecemos a nuestros estudiantes y en nuestra disposición para aprender junto con ellos.

Si algo me llevo de París es la certeza de que el futuro de la inteligencia artificial en la educación no debe construirse únicamente desde quienes desarrollan la tecnología o toman decisiones políticas. También debe construirse desde las escuelas, con la participación de docentes, estudiantes y comunidades, mediante un diálogo que reconozca tanto sus posibilidades como sus riesgos porque al final, el propósito de innovar no debería ser demostrar hasta dónde puede llegar la tecnología, sino descubrir cómo podemos utilizarla para construir una educación más justa, consciente, sostenible y humana.
Agradecimientos
Esta experiencia se desarrolló en el marco del Proyecto UNOE Student Fellows Project, financiado por la William and Flora Hewlett Foundation y coordinado por la Universidad de Nantes. Se agradece el apoyo brindado para impulsar la formación, la investigación educativa y la innovación, mediante la educación abierta.
Asimismo, se reconoce a la Benemérita Escuela Normal de Coahuila por su acompañamiento institucional y por promover el desarrollo de competencias investigativas y de manera muy especial, a la Dra. María Soledad Ramírez Montoya y a todo el equipo que representa a México, por su guía, orientación y acompañamiento constante durante todo este proceso.
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Educar en tiempos de inteligencia artificial: una mirada desde el aula hacia el mundo
» de Gabriela Avarado está bajo licencia CC BY 4.0













