La legitimidad como barrera para compartir
Marcela Morales es Co-Directora Ejecutiva de Open Education Global y cuenta con más de 15 años de experiencia impulsando la educación abierta a nivel mundial. Su trabajo se centra en ampliar el acceso equitativo al conocimiento, fomentar la colaboración global y apoyar prácticas abiertas mediante alianzas con instituciones educativas, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil.
Cuando compartir parece reservado para unos pocos
Uno de los obstáculos más persistentes, y a la vez menos visibles, en la educación abierta es la legitimidad. No tiene que ver con la tecnología, ni con el uso de licencias abiertas, ni siquiera con las políticas institucionales. Tiene que ver con una creencia interiorizada que susurra, y a veces con mucha fuerza:
“Compartir es solo para la élite. ¿Qué sentido tiene compartir mi clase o mi plan de lecciones si no estoy en una institución prestigiosa? Yo no estoy a ese nivel.”
Esta sensación atraviesa contextos educativos en todo el mundo, desde entornos formales hasta informales, en instituciones con distintos niveles de recursos y en sistemas educativos con historias, misiones y expectativas muy diversas. Muchos docentes están profundamente comprometidos con sus estudiantes y cuentan con una práctica pedagógica sólida; aun así, dudan si sus materiales son “lo suficientemente buenos” como para compartirlos de manera abierta.
La legitimidad, en este sentido, es una construcción social. El prestigio, los rankings, las marcas institucionales y las culturas de publicación influyen de forma decisiva en qué conocimientos se consideran valiosos. La educación abierta, a pesar de sus ideales inclusivos, no existe al margen de estas dinámicas. Los repositorios, los congresos y las prácticas de citación pueden, incluso sin proponérselo, reforzar jerarquías al amplificar solo las voces que ya cuentan con reconocimiento y validación.
El resultado es una forma silenciosa, pero poderosa, de autocensura. Docentes y educadores se retraen no porque les falte experiencia, sino porque anticipan el juicio: sobre su contexto, su enfoque pedagógico, su posición institucional o incluso sobre si sus aportes serán considerados legítimos o relevantes. Estas dudas no son abstractas; se repiten una y otra vez en los espacios de educación abierta:
- Mis materiales son muy básicos como para valer la pena compartirlos.
- Mi contexto de enseñanza será visto como menos riguroso o menos relevante.
- Lo que hago es demasiado local o específico como para importar más allá de mi realidad.
- No tengo el lenguaje, el marco conceptual o el respaldo institucional adecuados para aportar.
Esta inhibición no es poca cosa. Cuando solo comparten quienes ya cuentan con reconocimiento, el ecosistema de la educación abierta se vuelve más estrecho, menos diverso y cada vez más dominado por un conjunto limitado de voces y experiencias. El resultado es una visión incompleta de la enseñanza y el aprendizaje, que sobrerrepresenta contextos con mayores recursos y deja fuera las realidades cotidianas en las que tiene lugar gran parte de la educación. Estudiantes y docentes pierden así el acceso a materiales anclados en contextos locales, desarrollados en condiciones de recursos limitados, en aulas multilingües y a partir de saberes culturalmente situados y tradiciones pedagógicas construidas en respuesta a desafíos reales.
Irónicamente, son justamente estos los contextos donde los recursos educativos abiertos resultan más necesarios y donde pueden generar un impacto más profundo. Cuando estas perspectivas quedan fuera, la apertura corre el riesgo de reproducir las mismas inequidades que pretende transformar, en lugar de servir como una herramienta para ampliar la participación, la pertinencia y el aprendizaje colectivo.

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Licencia CC BY-NC-SA 2.0.
Repensar la legitimidad: del prestigio a la práctica
Si la legitimidad es un obstáculo, también es uno que puede desmontarse de forma colectiva e intencional.
- Redefinir qué entendemos por experiencia
La educación abierta necesita dejar de asociar la legitimidad exclusivamente con el prestigio institucional. La experiencia no se produce solo en instituciones de élite; se construye a partir de la práctica sostenida, la reflexión continua y la respuesta atenta a las necesidades de los estudiantes. Una lección trabajada y ajustada durante años en una institución centrada en la docencia, una escuela rural o un programa en línea encierra un tipo de conocimiento distinto, pero igualmente valioso.
Compartir no es una afirmación de perfección. Es una invitación a aprender a partir de la experiencia pedagógica vivida. Describir los recursos como “adaptables”, “situados en un contexto específico” o “probados en un entorno concreto” ayuda a desplazar la expectativa de modelos universales hacia aportes pensados para ser reutilizados, cuestionados y transformados por otras personas.
- Normalizar el compartir inacabado o en proceso
Una forma importante de reducir la barrera de la legitimidad es normalizar el compartir materiales que se encuentran en proceso, en distintas etapas de desarrollo, y no necesariamente finalizados o concluidos. Borradores, esquemas de actividades, propuestas de evaluación o notas reflexivas sobre la docencia pueden ser tan valiosos como los recursos totalmente desarrollados, especialmente para docentes que buscan ideas que puedan adaptar, iterar y reutilizar en sus propias realidades.
La educación abierta no exige completitud ni perfección; se sostiene en la reutilización, la revisión y la adaptación contextual. Hacer esto explícito en talleres, repositorios y convocatorias ayuda a cambiar expectativas y a dejar claro que contribuir es un acto de participación y aprendizaje colectivo, no una evaluación del desempeño.
- Hacer visible el contexto, no ocultarlo
Con frecuencia, docentes y educadores temen que su contexto institucional o educativo sea percibido como una debilidad en lugar de una fortaleza. Sin embargo, el contexto debería entenderse como un metadato esencial, no como algo que deba esconderse. Describir con claridad para quién fue diseñado un recurso, en qué condiciones y con qué supuestos pedagógicos aumenta tanto su utilidad como su credibilidad.
Una lección desarrollada para estudiantes de primera generación, aulas multilingües o entornos con conectividad limitada tiene una legitimidad basada en la honestidad y la pertinencia. El contexto no le quita valor a un recurso, lo hace más visible.
- Priorizar el reconocimiento que nace de las relaciones, no del prestigio
La legitimidad se construye a través de las relaciones, no solo de la reputación. Las comunidades de práctica, los espacios de retroalimentación entre pares y las redes regionales o temáticas cumplen un papel clave para que docentes y educadores se sientan acompañados, reconocidos y con confianza para compartir. Cuando el intercambio ocurre dentro de comunidades de confianza, la seguridad crece con el tiempo y el paso hacia una circulación más pública resulta mucho menos intimidante.
Por eso, las prácticas de reconocimiento en la educación abierta deberían priorizar la contribución, el cuidado y la colaboración, en lugar de centrarse únicamente en la visibilidad o en métricas cuantitativas. Acciones simples como reconocer adaptaciones, agradecer aportes o amplificar de manera intencional voces diversas pueden tener un impacto profundo y duradero.
- Nombrar el problema de forma explícita
Finalmente, la legitimidad debe abordarse de manera abierta. Nombrar este obstáculo ayuda a que docentes y educadores reconozcan que no están solos y que sus dudas no son fallas personales, sino el resultado de dinámicas estructurales y culturales más amplias. Talleres, espacios de formación e iniciativas de educación abierta deberían poner sobre la mesa cuestiones como los sentimientos de impostura y los sesgos asociados al prestigio como parte de un verdadero fortalecimiento de capacidades.
Cuando la legitimidad se entiende como un desafío compartido y sistémico, en lugar de un déficit individual, resulta más fácil reconocerla, conversar sobre ella y empezar a abordarla colectivamente.
Compartir como acto de pertenencia
La educación abierta no se trata solo del acceso a recursos; se trata de pertenecer a un bien común del conocimiento. Compartir se convierte en un acto de presencia y reconocimiento, una forma de decir: mi experiencia importa, mi contexto importa y formo parte de este esfuerzo colectivo.
La legitimidad no siempre aparece antes de compartir; muchas veces emerge a través del propio acto de compartir. Cada aporte, por pequeño que parezca, amplía lo que la educación abierta puede ser y para quién existe.
Superar la barrera de la legitimidad implica reconocer que la educación abierta se debilita cuando solo unas pocas personas se sienten con el derecho de aportar, y se fortalece en la medida en que más personas reconocen que ya tienen algo valioso que compartir.
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Nota: Se utilizó inteligencia artificial para apoyar la revisión gramatical y el proceso de traducción. El contenido, las ideas y el enfoque son responsabilidad de la autora.
Este artículo forma parte de la serie: «Sharing is a challenge», publicada a lo largo del mes de marzo de 2026, en colaboración con la Cátedra UNESCO RELIA y la red Euniwell.
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La intención artística original sigue siendo la del artista y puede diferir de la intención editorial de nuestra adaptación. Agradecemos a Luka Seme por compartir su obra en Fine Acts bajo la licencia abierta CC BY-NC-SA 4.0.
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Más allá del prestigio: ¿qué conocimientos cuentan en la educación abierta?
» por Marcela Morales está bajo licencia CC BY 4.0

